| Vidala para mi sombra |
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| Domingo, 27 de Septiembre de 2009 18:39 |
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Dicen que cuando Don Julio Santos Espinosa compuso su "Vidala para mi sombra" a los veintisiete años, ya miraba de otra manera, ya se perdía buscando aquel horizonte fantástico donde bailan desnudas las vírgenes de la poesía. Que Juan Carlos Dávalos le dijo en el año 55, que la vidala estaba predestinada por desconocidos designios ha convertirse en popularmente universal, y así sería nomás, ya que según los registros no tan precisos de Sadaic, la vidala de Espinosa como la llaman algunos, es el segundo tema argentino más grabado, ya que arriba esta "La cumparsita" y sigue de cerca "El día que me quieras". Que él no se la dio a Atahualpa Yupanqui, contradiciendo en esto el rumor popular, y que cuando la escuchó por éste, sólo atinó a decir que no lo convencía del todo la interpretación. Dicen que su eterno romance con la muerte lo llevó de mano en mano, de canción en canción. "Todas mis canciones tienen una señal muy triste, siempre terminan en muerte". Dicen que Castilla solía corregirle los versos entre vino y vino, y la eterna broma que se repetía, "Este Julito sé no va para arriba en cualquier momento". Casi todo artista folklórico hizo uso y abuso de tan delicado tema, y esto se expandió al rock nacional multiplicando las grabaciones y se sumaron artistas internacionales que pusieron sus voces en esta vidala, algunos con más acercamiento espiritual que otros. La sombra final No podía ser de otra manera, tenía que irse en las alas del mismo silencio que lo vio llegar, acobardado por el aire enrarecido del hospital Christofredo Jacob, que espantaba las musas de este inigualable creador Salteño. Sabía de la música que le gusta a la muerte, sabía de su indiferente impaciencia, sabía que la poesía nunca termina en olvido, cruza los puentes reinventándose cada día, en un silbido de gorrión o en la plaza donde muere un beso apasionado. Será por eso que cuando murió se paralizaron las diosas y en delicada armonía despidieron al cantor del pueblo. Como un Orfeo de cristal, nuestro poeta supo desviar los cursos naturales de las palabras y llevarlas hasta el altar mismo de la belleza, descifró el canto encendido de las sirenas y comandó la gran caravana de antorchas dispuestas al hechizo. Espíritu errante de sublime alas, nos dejó como un manto divino el mantra sagrado de su pluma, de sus palabras quebradas, esa fibra invisible que nos ensambla a la danza nocturna de los ángeles...Murió, aquella tarde apurada, en Salta. El poeta dejaba su tierra entre vítores y alabanzas mientras su sombra se dormía para siempre en el lento ritual de un doloroso adiós. Y tal vez deseas quedarte y no me quieras seguir pero, a quién has de arrimarte ¡me tienes tan sólo a mí! Achatadita y callada dónde podrás encontrar una sombra compañera que sufra igual. Sombrita cuídame mucho lo que tengas que dejar cuando me moje hasta adentro la oscuridad". |
| Última actualización en Domingo, 27 de Septiembre de 2009 18:56 |


